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	<title>Ediciones Puntocero</title>
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		<title>«El Aleph de Doyle» por Horacio Convertini</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Feb 2012 14:15:18 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[EL ALEPH DE DOYLE (Cuento ganador del accésit del Premio Internacional de Cuentos Miguel de Unamuno 2011) Primero, el rugido de la hidra que habitaba en las tribunas y que Doyle, en el fondo, temía. Dos o tres segundos después &#8211;dos o tres gotas de eternidad exasperante&#8211;, el pitazo del árbitro, un trino que confirmó [&#8230;]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=edicionespuntocero.com&#038;blog=8506058&#038;post=786&#038;subd=edicionespuntocero&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2012/02/maradona-contra-los-ingleses1.jpg"><img class="size-full wp-image-795 alignnone" title="Maradona contra los ingleses" src="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2012/02/maradona-contra-los-ingleses1.jpg?w=480" alt=""   /></a></p>
<p><strong>EL ALEPH DE DOYLE</strong><br />
<a href="http://www.revistaparaleer.com/noticia/2012/02/02/cinco-cuentos-tristones" target="_blank"><strong>(Cuento ganador del accésit del Premio Internacional de Cuentos Miguel de Unamuno 2011)</strong></a></p>
<p>Primero, el rugido de la hidra que habitaba en las tribunas y que Doyle, en el fondo, temía. Dos o tres segundos después &#8211;dos o tres gotas de eternidad exasperante&#8211;, el pitazo del árbitro, un trino que confirmó la sospecha. Penal. Penal, entonces. Sintió que todos los ojos del estadio &#8211;y la hidra tenía miles&#8211; lo acribillaban. Las manos le comenzaron a transpirar.</p>
<p>Doyle tenía un problema: pensaba demasiado. Y en su oficio, alguien con más de dos neuronas activas representaba una rareza, una amenaza o ambas cosas a la vez. Desde que en una entrevista había opinado que el segundo gol de Maradona a los ingleses era el Aleph del fútbol, se había vuelto el niño mimado de la prensa y los periodistas insistían en ponerlo de ejemplo de lo que debía ser un jugador: algo más que una masa de músculos trabajados para correr, patear y cabecear. Hablaban de él como “el Borges de la pelota” o “el nuevo Valdano”, lo que secretamente lo enorgullecía.</p>
<p>Un día, antes de empezar el entrenamiento, Garber &#8211;el asesino que jugaba de seis y que tenía especial inclinación por las rodillas rivales&#8211; le preguntó qué mierda era un Aleph. Y Doyle, dejándose ganar por la vanidad, le habló como se le habla a un hijo cuando se le explica que la luna no es de queso.</p>
<p>&#8211;El punto del espacio que contiene todos los puntos. Dicho de otra manera, en ese gol habita el fútbol entero, el ya jugado y el por jugar. Lo ves y viste todo.</p>
<p>Garber se tapó una fosa nasal, volcó rápidamente la cabeza hacia su derecha y soltó un moco denso, que salió como disparado por un rifle de aire comprimido y aterrizó en el césped con un ruido seco.</p>
<p>&#8211;Un golazo, sí, un golazo&#8230; –dijo mientras se repasaba la nariz con la mano&#8211;. ¿Tantas palabras raras por un golazo? ¡Por qué no te vas a cagar, pelotudo!</p>
<p>Aquella reacción del número seis definió mejor que cualquier otra cosa la encrucijada en que Doyle se había metido. El deslumbramiento de los periodistas era inversamente proporcional a la confianza que sus compañeros sentían por él. La literatura y la reflexión jamás pisaban un vestuario porque eran sinónimo de debilidad, de amariconamiento. Pierna fuerte, corazón caliente, cerebro vacío. El fútbol, para los futbolistas, no era más que eso, lo que de por sí ya les resultaba demasiado.</p>
<p>Doyle se reprochaba el haber insinuado públicamente un refinamiento intelectual que en verdad no tenía. Leía a Borges, es cierto, porque sospechaba que era un genio (tantos no se podían equivocar), pero en verdad prefería lecturas más sencillas (Soriano, Fontanarrosa) porque las paradojas y los melindres del sabio ciego lo fastidiaban un poco. La impostura, de todos modos, le había reportado algunos beneficios: los periodistas le perdonaban las defecciones en su juego y solían invitarlo a cuanto programa de análisis hubiera en la televisión, fascinados por su decir prolijo y las dos o tres citas célebres que siempre tenía a mano. Además, le abría una puerta al futuro: cuando se retirara, nada de probar suerte con la dirección técnica; se convertiría en comentarista de ESPN y escribiría columnas para algún diario importante.</p>
<p>Penal. Penal, entonces. El rugido de la hidra se convirtió en un rumor uniforme, como el de una motosierra a baja velocidad. Al menos, así sonaba a los oídos de Doyle, paralizado en el medio de la cancha, su lugar de siempre, esa tierra de paz en donde podía jugar en puntas de pie y arriesgarse a la belleza sin que el costo fuera tan grave porque estaba a igual distancia del dolor que de la alegría.</p>
<p>Muchos decían que jugaba con el mismo garbo con el que hablaba. Doyle se preguntaba por cuánto tiempo más la hojarasca de palabras bonitas ocultaría la realidad de su falta de compromiso y de su dudosa eficiencia, esa vacuidad que sus compañeros ya habían advertido.</p>
<p>Sintió un martillazo en el hombro. Garber.</p>
<p>&#8211;Andá y matalo. Esta vez, nada de boludeces, ¿me oís? ¡Matalo, la concha de tu madre!</p>
<p>La lluvia de saliva y el insulto lo despabilaron. El encargado de los penales era él: el técnico lo había elegido por su serenidad y sangre fría, y también –desde ya&#8211;porque demostraba una razonable precisión en la pegada, sobre todo en los entrenamientos. Faltaban dos minutos y se definía el campeonato. Era el penal más trascendente de la historia del equipo. Garber lo empujó hacia delante. Doyle trastabilló y tuvo que hacer una extraña contorsión en el aire para reconvertir el movimiento vacilante en un trote ágil hacia el área enemiga. Cuarenta metros pensando “que me trague la tierra”. “que el mundo se parta en dos”, “que el árbitro se arrepienta”, “que me muera de un infarto acá, ahora, y que me velen como a un mártir”.</p>
<p>La responsabilidad de patear penales jamás lo había atormentado por dos razones: una, a su equipo le cobraban pocos, por lo que se trataba de una tarea infrecuente; dos, el ejecutante cuenta con una ventaja abrumadora sobre el arquero: el 87,3 por ciento de los penales termina en gol. Así lo había determinado el estudio de un matemático de la Universidad de Humberside que había leído por Internet. Pero esa tarde, justo en el momento crucial de su vida, se le vino a la mente un recuerdo inquietante: el del último y lejano penal que había pateado.</p>
<p>Como siempre estaba lejos del arco adversario, Doyle tenía pocos goles en su carrera, únicamente los de penal. Goles, entendía él, demasiado rudimentarios. ¿Qué era un penal más que un remate fuerte a una valla inmensa y contra un arquero empequeñecido por la fatalidad de saberse derrotado? En las horas tortuosas de autocrítica, se decía que eran goles tan indignos como un fusilamiento. Y tenía que reprimirse para no pedirle perdón al guardameta vencido. Fue así que, en aquella tarde del último y lejano penal, se había decidido por algo distinto. Pensó en el Aleph de Maradona, no en el de Borges, evocó sus resonancias metafísicas e históricas, y probó patear como nadie lo hacía, cruzando su pierna hábil, la derecha, por detrás de la izquierda, un arabesco que en las prácticas le salía bastante bien. Lo peor no fue que tropezó y terminó con la cara hundida en el pasto. Lo peor fue que el tirito mordido rodó mansamente a las manos del arquero. Ganaron igual y la prensa (siempre tan generosa) destacó su gesto de audacia, pero Garber a poco estuvo de ahorcarlo en las duchas.</p>
<p>Penal. Penal, entonces. Se agachó, tomó la pelota y la miró como si fuera una bola de cristal. Busco, en los reflejos del cuero plastificado, una señal tranquilizadora. No la encontró. Pensó en lo que le diría el matemático de la Universidad de Humberside: “Calma, Doyle. Sólo el 12,7 por ciento de los penales se malogra. La estadística lo apoya”.</p>
<p>La hidra de las tribunas movía sus cabezas como si las meciera el viento, el rumor reducido a un murmullo de incertidumbre. Sus compañeros armaron un semicírculo detrás de él, en torno a la medialuna del área. Sintió la mirada de Garber en la nuca. Se agachó de nuevo para acomodar la pelota en el punto del penal. Aplastó con el botín una mata de pasto que sobresalía. Sintió un confuso malestar, que trató de atribuir a los nervios. Cerró los ojos, los abrió. Entonces vio el Aleph. El punto del espacio que contiene todos los puntos justo en el círculo de cal que acababa de pisotear.</p>
<p>Como Borges, vio millones de jugadas deleitables o atroces, todas en simultáneo y sin superponerse. Vio a cuatro esclavos zapotecas en Dani Baá, hermanos ellos, condenados a enfrentarse en dos equipos y a recrear con un balón el ritual de la lucha a muerte contra los dioses del inframundo, para honor de sus amos y para salvar sus vidas. Vio en el espejo de los ojos horrorizados de Ademir Morais, el último de los cien mil brasileños en entrar al Maracaná en la final del Mundial de 1950, el gol definitivo del uruguayo Gighia, y percibió que en el alma de ese pobre diablo ya estaba creciendo el desconsuelo que lo llevaría al suicidio esa misma noche. Vio rodar una vejiga de cerdo rellena de heno por la campiña de la Baja Normandía, muy cerca de Caen, manchada por la sangre de un chico de 14 años. Vio al inglés Butcher resoplar como un toro detrás del demonio azul de la camiseta diez, justo en el instante en el que lo va a perder de manera irremediable. Vio a Mussolini y a Videla celebrando sus goles de la muerte, vio patear cráneos y bolas de papel engomado, vio la pelota de su infancia aplastada por la rueda de un camión. Vio canchas de tierra reseca, de adoquines, de césped afelpado, vio la arena del calcio florentino y el polvo levantado por las sandalias de un soldado chino de la Dinastía Han. Vio un arco hecho con bollos de ropa en un barrio de Buenos Aires y otro con la rueda de un molino en un prado de Ashbourne. Vio lágrimas y gotas de sudor y un fémur que atraviesa la carne y un corazón que desfallece y una garganta que se desgarra en el grito más sublime, más feliz, más doloroso. Como Borges, tuvo vértigo y lloró ante el inconcebible universo.</p>
<p>El árbitro le preguntó si estaba bien y le dijo que se apurara. Doyle, por fin, colocó la pelota en el punto del penal, respiró hondo, se alejó trece pasos. Sintió infinita veneración por el sabio ciego e infinita lástima por sí mismo. Giró la cabeza y se topó con la mirada vigilante de Garber. Sólo pudo resistirla un segundo. Escuchó el silbato del árbitro dando la orden y el fuelle de su respiración. Se persignó, aunque supo enseguida que ninguna superstición le serviría. Hizo un zapateo corto en el lugar y arrancó. Un destino maldito lo aguardaba trece pasos más allá. Lo acababa de ver en el círculo de cal.</p>
<p>© Horacio Convertini, 2011</p>
<p><strong><a href="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2010/11/horacio-convertini-por-ricardo-carcova.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-553" title="horacio convertini por ricardo cárcova" src="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2010/11/horacio-convertini-por-ricardo-carcova.jpg?w=150&#038;h=112" alt="" width="150" height="112" /></a>Horacio Convertini</strong> (Argentina, 1961). Es periodista del diario <em>Clarín</em> y autor del libro de relatos<em> Los que están afuera</em> que consiguió el segundo premio del Concurso 2007 en la categoría cuentos del Fondo Nacional de las Artes. También publicó las novelas infantiles <em>La leyenda de Los Invencibles</em> y <em>La noche que salvé al Universo</em>. Con <strong><a href="http://edicionespuntocero.com/2010/06/13/el-lado-oscuro-del-futbol/"><em>El refuerzo</em></a></strong> obtuvo el accésit al XXXIII Premio de Novela Corta Gabriel Sijé (España, 2008). En 2010 gana el premio Cosecha Eñe con el cuento <strong><a href="http://edicionespuntocero.com/2011/02/08/%C2%ABuru%C2%BB-de-horacio-convertini-cuento-ganador-del-premio-cosecha-ene-2010/" target="_blank">«Uru»</a></strong>. En 2012 Ediciones Puntocero publicará su nueva novela titulada <em>New Pompey</em>.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/edicionespuntocero.wordpress.com/786/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/edicionespuntocero.wordpress.com/786/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=edicionespuntocero.com&#038;blog=8506058&#038;post=786&#038;subd=edicionespuntocero&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>&#8220;Cenando con Mugabe&#8221; y &#8220;La ley del cuerno&#8221;: dos títulos del mejor periodismo narrativo.</title>
		<link>http://edicionespuntocero.com/2011/12/23/cenando-con-mugabe-y-la-ley-del-cuerno-dos-titulos-del-mejor-periodismo-literario/</link>
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		<pubDate>Fri, 23 Dec 2011 15:26:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>edicionespuntocero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Hemos llegado al volumen número 20. Para cerrar el año, nuestra apuesta ha sido la No Ficción con dos libros que exploran la realidad de puntos geográficos muy lejanos entre sí: México y Zimbabue. La ley del cuerno. Siete formas de morir con el narco mexicano es una compilación de textos de diferentes autores, muchos [&#8230;]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=edicionespuntocero.com&#038;blog=8506058&#038;post=774&#038;subd=edicionespuntocero&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2011/12/3d-mugabe-y-la-ley1.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-776" title="3d Mugabe y La ley" src="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2011/12/3d-mugabe-y-la-ley1.jpg?w=480" alt=""   /></a></p>
<p>Hemos llegado al volumen número 20. Para cerrar el año, nuestra apuesta ha sido la No Ficción con dos libros que exploran la realidad de puntos geográficos muy lejanos entre sí: México y Zimbabue.</p>
<p><em>La ley del cuerno. Siete formas de morir con el narco mexicano</em> es una compilación de textos de diferentes autores, muchos de ellos premiados por su labor periodística, que plasman el estado de violencia que vive México hoy, producto de la guerra contra el narcotráfico. Un libro necesario, escrito por periodistas que han recorrido el campo de batalla para conocer de primera mano las historias de aquellas personas que, por voluntad o forzosamente, protagonizan este conflicto.</p>
<p>Los textos que componen este volumen han sido escritos por: Juan Villoro, Pablo Ordaz, Edgar David Piñón Balderrama, Alejandro Almazán, Diego Enrique Osorno, Óscar Martínez y Marcela Turati. La selección, la presentación y la edición del libro estuvieron a cargo de la periodista Maye Primera.</p>
<p>Si quieres saber de qué hablamos cuando hablamos del <em>narco</em>, <strong><a href="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2011/12/extracto-la-ley-del-cuerno-web.pdf" target="_blank">pincha aquí y descarga un adelanto de <em>La ley del cuerno</em></a></strong></p>
<p>El segundo título en cuestión es <em>Cenando con Mugabe.</em> <em>La historia de un libertador que se convirtió en tirano.</em> Probablemente resulte extraño que una editorial latinoaméricana se interese en un tema político africano. Tendemos a no mirar hacia ese continente, absortos con nuestros propios problemas. En todo caso, el libro que ha escrito Heidi Holland sobre Robert Mugabe se nos reveló como una historia arquetipal sobre los riesgos inherentes al ejercicio del poder sin control institucional, que poco tiene que ver con discursos ideológicos. Casos como el de Mugabe, sobran en nuestra región y este libro los reflejará como un espejo.</p>
<p>También debe estar advertido el lector que Mugabe no es un bufón como Idi Amín de Uganda, ni un sangriento dictador como lo fue Jean-Claude Duvalier de Haití. Justamente, lo fascinante de esta historia es que Mugabe, conocido en sus inicios por su espíritu conciliador y la preocupación genuina por incorporar a la población negra en un proyecto político que superara las taras sociales y económicas creadas por el modelo colonial, llega al poder en 1980 a través de elecciones democráticas y que, con espíritu concertador, incorpora a su flamente gobierno algunos individuos del viejo regimen colonial.</p>
<p>Hoy Mugabe se perfila como el prototipo de gobernante autoritario, acusado de sucesivos fraudes electorales, señalado como el autor intelectual de la matanza de miles de opositores, autor de expropiaciones ilegales y responsable de una gestión gubernamental que llevó a Zimbabue a la ruina. Hechos que dan cuenta de una transformación psicológica que asombra, tanto a sus adversarios políticos como a sus seguidores.</p>
<p>Heidi Holland, periodista sudafricana y simpatizante de la causa política de Mugabe en sus comienzos, nos entrega un extenso reportaje que pretende desentrañar la complejidad de una de las personalidades políticas más destructivas del África contemporánea.</p>
<p><strong><a href="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2011/12/extracto-cenando-con-mugabe-web.pdf" target="_blank">Descarga el prefacio del libro pinchando aquí.</a></strong></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/edicionespuntocero.wordpress.com/774/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/edicionespuntocero.wordpress.com/774/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=edicionespuntocero.com&#038;blog=8506058&#038;post=774&#038;subd=edicionespuntocero&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>«La más fiera de las bestias» de Lucas García, una novela que no admite pausas</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Oct 2011 17:24:25 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Un hombre despierta atado a una cama. No recuerda quién es ni sabe por qué está allí. Enfermeros que van y vienen  perforan sus brazos y vierten en su interior fluidos que lo derrumban en la oscuridad. No es un hospital pero tampoco una cárcel. Cada intento por conectarse con la realidad es neutralizado por [&#8230;]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=edicionespuntocero.com&#038;blog=8506058&#038;post=759&#038;subd=edicionespuntocero&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2011/10/la-mc3a1s-fiera-de-las-bestias.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-760" title="La ms fiera lowres" src="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2011/10/la-mc3a1s-fiera-de-las-bestias.jpg?w=228&#038;h=327" alt="" width="228" height="327" /></a>Un hombre despierta atado a una cama. No recuerda quién es ni sabe por qué está allí. Enfermeros que van y vienen  perforan sus brazos y vierten en su interior fluidos que lo derrumban en la oscuridad. No es un hospital pero tampoco una cárcel. Cada intento por conectarse con la realidad es neutralizado por un nuevo pinchazo. Lo acusan de un crimen superior; lo torturan, lo denigran, lo van demoliendo. La máquina de la furia se enciende en su interior y no habrá quien pueda detenerla. Rastrear su identidad será el peor de los castigos.</p>
<p>Construido con un lenguaje sobrio que destaca por la precisión de sus imágenes, Lucas García nos entrega un relato perturbador al extremo, hinchado de violencia, escrito para azotar al impostor que llevamos dentro<br />
y posibilitarnos un momento de crueldad.</p>
<p><strong><a href="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2011/10/extracto-la-mc3a1s-fiera-de-las-bestias.pdf" target="_blank">Descárgate un adelanto pinchando aquí</a></strong></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/edicionespuntocero.wordpress.com/759/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/edicionespuntocero.wordpress.com/759/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=edicionespuntocero.com&#038;blog=8506058&#038;post=759&#038;subd=edicionespuntocero&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>«Valle Zamuro», la novela de Camilo Pino premiada en España, llega a Venezuela</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Aug 2011 16:16:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>edicionespuntocero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Luego de haber recibido en España el Premio de Novela  «Carolina Coronado» llega a las librerías venezolanas, Valle Zamuro, la primera novela de Camilo Pino. Valle Zamuro es una obra iniciática ambientada en la Venezuela de 1989, durante la explosión social conocida como el Caracazo.  A veces valiente, a veces pueril, el joven publicista Alejandro Roca enfrenta [&#8230;]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=edicionespuntocero.com&#038;blog=8506058&#038;post=745&#038;subd=edicionespuntocero&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2011/08/valle-zamuro.jpg"><img class="size-medium wp-image-746 alignleft" title="Valle Zamuro" src="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2011/08/valle-zamuro.jpg?w=187&#038;h=300" alt="" width="187" height="300" /></a></p>
<p>Luego de haber recibido en España el Premio de Novela  «Carolina Coronado» llega a las librerías venezolanas, <em>Valle Zamuro</em>, la primera novela de Camilo Pino.</p>
<p><em>Valle Zamuro</em> es una obra iniciática ambientada en la Venezuela de 1989, durante la explosión social conocida como el Caracazo.  A veces valiente, a veces pueril, el joven publicista Alejandro Roca enfrenta tabúes y convenciones sociales en un proceso de maduración forzado por un mundo alucinado y cruel, tierno y violento. Su historia es la historia de una generación.</p>
<p><strong>Almudena Grandes</strong>, jurado del premio, ha dicho: «Una obra extraordinaria y espléndida &#8230; Me ha cambiado la forma de leer novelas».</p>
<p><a href="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2011/08/camilo-lowres.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-751" style="border-color:black;border-style:solid;border-width:1px;" title="Camilo lowres" src="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2011/08/camilo-lowres.jpg?w=216&#038;h=119" alt="" width="216" height="119" /></a></p>
<p>Camilo Pino nació en Caracas en 1970. Estudió periodismo en la Universidad Central de Venezuela y Comunicación en la Universidad londinense de Westminster. Fue alumno del taller de poesía del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. Ha sido periodista, guionista de televisión y diplomático. Actualmente reside en Miami, donde escribió <em>Valle Zamuro</em>, su primera novela, que fue galardonada en 2010 con el XV Premio Carolina Coronado de Novela, otorgado por la ciudad de Almendralejo, España.</p>
<p><strong><em>Valle Zamuro</em> se presenta el jueves 11 de agosto a las 7.30 pm en la Librería Alejandría de Paseo Las Mercedes.</strong></p>
<p><strong><a href="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2011/08/adelanto-valle-zamuro-camilo-pino.pdf" target="_blank">Desacarga un adelanto de la novela pinchando aquí </a></strong></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/edicionespuntocero.wordpress.com/745/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/edicionespuntocero.wordpress.com/745/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=edicionespuntocero.com&#038;blog=8506058&#038;post=745&#038;subd=edicionespuntocero&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">Valle Zamuro</media:title>
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			<media:title type="html">Camilo lowres</media:title>
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	</item>
		<item>
		<title>«A ese infierno no vuelvo» de Patricia Clarembaux, una crónica reveladora sobre la situación de las cárceles venezolanas</title>
		<link>http://edicionespuntocero.com/2011/06/15/%c2%aba-ese-infierno-no-vuelvo%c2%bb-de-patricia-clarembaux-una-cronica-reveladora-sobre-la-situacion-de-las-carceles-venezolanas/</link>
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		<pubDate>Wed, 15 Jun 2011 12:41:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>edicionespuntocero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[«Se dirá que cualquiera puede concluir una obra medianamente atractiva con anécdotas tan comprobadamente bizarras y cinematográficas como las que se escudan en cualquier penal de un país como el nuestro. Pero dudo mucho que cualquier reportero porte consigo un seguimiento tan metódico, un trabajo tan concienzudo con las fuentes y un arrojo tan dilatado [&#8230;]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=edicionespuntocero.com&#038;blog=8506058&#038;post=730&#038;subd=edicionespuntocero&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_36" class="wp-caption alignleft" style="width: 223px"><a href="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2009/07/infierno.jpg"><img class="size-full wp-image-36  " title="A ese infierno no vuelvo" src="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2009/07/infierno.jpg?w=480" alt=""   /></a><p class="wp-caption-text">La segunda edición de «A ese infierno no vuelvo» ya está en las librerías de Caracas</p></div>
<p>«Se dirá que cualquiera puede concluir una obra medianamente atractiva con anécdotas tan comprobadamente bizarras y cinematográficas como las que se escudan en cualquier penal de un país como el nuestro. Pero dudo mucho que cualquier reportero porte consigo un seguimiento tan metódico, un trabajo tan concienzudo con las fuentes y un arrojo tan dilatado como este que soporta el trabajo de Patricia Clarembaux sobre las cárceles venezolanas.»<br />
<strong><em>Alonso Moleiro </em></strong></p>
<p><strong><a title="adelanto A ese infierno no vuelvo" href="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2011/06/adelanto-infierno-cap-i.pdf" target="_blank">Descárgate el primer capítulo del libro pinchando aquí</a></strong></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/edicionespuntocero.wordpress.com/730/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/edicionespuntocero.wordpress.com/730/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=edicionespuntocero.com&#038;blog=8506058&#038;post=730&#038;subd=edicionespuntocero&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">A ese infierno no vuelvo</media:title>
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	</item>
		<item>
		<title>La revista Los Inrockuptibles, en su edición argentina, publica un adelanto de «Cosas que los nietos deberían saber» de Mark Oliver Everett</title>
		<link>http://edicionespuntocero.com/2011/05/06/la-revista-los-inrockuptibles-en-su-edicion-argentina-publica-un-adelanto-de-%c2%abcosas-que-los-nietos-deberian-saber%c2%bb-de-mark-oliver-everett/</link>
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		<pubDate>Fri, 06 May 2011 16:17:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>edicionespuntocero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[• Para descargar la nota de prensa (PDF), pincha aquí • Aquí encontrarás los datos de los distribuidores en Argentina, Chile, Colombia, Uruguay y Venezuela • Si tienes alguna duda o sugerencia escríbenos a contacto@edicionespuntocero.com<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=edicionespuntocero.com&#038;blog=8506058&#038;post=713&#038;subd=edicionespuntocero&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h3></h3>
<p><a href="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2011/05/cosas-que-los-nietos-los-inrocks-05052011.pdf" target="_blank"><img class="alignnone size-full wp-image-709" title="pp_56-57_Inrokcs" src="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2011/05/pp_56-57_inrokcs.jpg?w=480" alt=""   /></a></p>
<p><a href="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2011/04/3d-nietos1.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-677" title="3d nietos" src="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2011/04/3d-nietos1.jpg?w=167&#038;h=300" alt="" width="167" height="300" /></a>• Para descargar la nota de prensa (PDF), <a href="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2011/04/prensa-cosas-que-los-nietos.pdf" target="_blank">pincha aquí<br />
</a><a href="http://edicionespuntocero.com/distribucion/">• Aquí encontrarás los datos de los distribuidores en Argentina, Chile, Colombia, Uruguay y Venezuela<br />
</a>• Si tienes alguna duda o sugerencia escríbenos a <a href="mailto:contacto@edicionespuntocero.com" target="_blank">contacto@edicionespuntocero.com</a></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/edicionespuntocero.wordpress.com/713/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/edicionespuntocero.wordpress.com/713/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=edicionespuntocero.com&#038;blog=8506058&#038;post=713&#038;subd=edicionespuntocero&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">pp_56-57_Inrokcs</media:title>
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			<media:title type="html">3d nietos</media:title>
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	</item>
		<item>
		<title>Sergio Elguezábal entrevista a Aramis Latchinian con motivo del lanzamiento de &#8216;Globotomía&#8217; en Argentina</title>
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		<pubDate>Sat, 30 Apr 2011 17:14:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>edicionespuntocero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Aquí puedes leer la reseña del libro y bajar un adelanto<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=edicionespuntocero.com&#038;blog=8506058&#038;post=700&#038;subd=edicionespuntocero&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<span class='embed-youtube' style='text-align:center; display: block;'><iframe class='youtube-player' type='text/html' width='480' height='300' src='http://www.youtube.com/embed/WVi6XJh-K0o?version=3&#038;rel=1&#038;fs=1&#038;showsearch=0&#038;showinfo=1&#038;iv_load_policy=1&#038;wmode=transparent' frameborder='0'></iframe></span>
<p><strong><a href="http://wp.me/pzGOu-7a">Aquí puedes leer la reseña del libro y bajar un adelanto</a></strong></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/edicionespuntocero.wordpress.com/700/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/edicionespuntocero.wordpress.com/700/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=edicionespuntocero.com&#038;blog=8506058&#038;post=700&#038;subd=edicionespuntocero&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>Ediciones Puntocero lanza &#8216;Cosas que los nietos deberían saber&#8217;, la autobiografía de Mark Oliver Everett</title>
		<link>http://edicionespuntocero.com/2011/04/04/ediciones-puntocero-lanza-cosas-que-los-nietos-deberian-saber-la-autobiografia-de-mark-oliver-everett/</link>
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		<pubDate>Mon, 04 Apr 2011 19:58:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>edicionespuntocero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[A finales de abril lanzaremos el  libro «Cosas que los nietos deberían saber» de Mark Oliver Everett, conocido en la escena musical como Mr. E, creador y líder de la banda Eels. Desde las primeras páginas, Mark Oliver Everett nos advierte que ha sido extremadamente cauteloso a la hora de escribirlo: «Esta no es la [&#8230;]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=edicionespuntocero.com&#038;blog=8506058&#038;post=679&#038;subd=edicionespuntocero&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_677" class="wp-caption alignleft" style="width: 181px"><a href="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2011/04/3d-nietos1.jpg"><img class="size-large wp-image-677    " title="3d nietos" src="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2011/04/3d-nietos1.jpg?w=171&#038;h=305" alt="" width="171" height="305" /></a><p class="wp-caption-text">Así lucirá la cubierta de nuestra edición. La fotografía de portada corresponde a Rocky Schenck (RockySchenck.com), director de videos musicales y fótografo. </p></div>
<h4><strong>A finales de abril lanzaremos el  libro «<em>Cosas que los nietos deberían saber»</em> de Mark Oliver Everett, conocido en la escena musical como Mr. E, creador y líder de la banda Eels.</strong></h4>
<p>Desde las primeras páginas, Mark Oliver Everett nos advierte que ha sido extremadamente cauteloso a la hora de escribirlo: «Esta no es la historia de un famoso. Es solo la historia de un tipo que en ocasiones estuvo en situaciones similares a las de alguien famoso. Hay como un gran ego, una cosa que dice ‘YO SOY MUY IMPORTANTE’, inherente al hecho de escribir este libro, que me pone incómodo. Pero no lo haría si no pensara que se trata de una historia peculiar».</p>
<p>El lector no encontrará en sus páginas una historia de excesos, repleta de sexo y drogas, así como ninguno de los tópicos asociados a la vida de una estrella del rock. La vida de Everett es realmente peculiar y tiene la capacidad para relatarla sin prejuicios, dispuesto a revelar los detalles esenciales de su mundo afectivo, convirtiendo el relato autobiográfico en un testimonio conmovedor al extremo:<br />
«&#8230; me encontré con el cuerpo de papá, muerto, tirado ahí (&#8230;) Fue raro tocarlo. Fue la primera vez que tuvimos contacto físico, al menos que yo pudiera recordar&#8230;».</p>
<p>Luego vendrán el suicidio de su hermana, la muerte de su madre por un cáncer fulminante y la de su prima Jennifer, aeromoza del vuelo que se estrelló el 11 de septiembre de 2001 contra el Pentágono. Y mientras la vida lo acorralaba en el callejón del dolor, Everett fue capaz de redimirse a través de la música. Su agrupación, Eels, se ha convertido en una de las bandas alternativas más sobresalientes de la actualidad, celebrada por músicos, igualmente raros, como Tom Waits y Van Morrison.</p>
<p>• Para descargar la nota de prensa (PDF), <a href="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2011/04/prensa-cosas-que-los-nietos.pdf" target="_blank">pincha aquí</a><br />
• Para descargar un adelanto (PDF), <a href="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2011/04/cosas-q-los-nietos-adelanto.pdf" target="_blank">pincha aquí</a><br />
<a href="http://edicionespuntocero.com/distribucion/"> • Aquí encontrarás los datos de los distribuidores en Argentina, Chile, Colombia, Uruguay y Venezuela</a><br />
• Si tienes alguna duda o sugerencia escríbenos a <a href="mailto:contacto@edicionespuntocero.com" target="_blank">contacto@edicionespuntocero.com </a></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/edicionespuntocero.wordpress.com/679/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/edicionespuntocero.wordpress.com/679/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=edicionespuntocero.com&#038;blog=8506058&#038;post=679&#038;subd=edicionespuntocero&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		</media:content>

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			<media:title type="html">3d nietos</media:title>
		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>Los riesgos de la energía nuclear: El fantasma de Chernóbil</title>
		<link>http://edicionespuntocero.com/2011/03/25/los-riesgos-de-la-energia-nuclear-el-fantasma-de-chernobil/</link>
		<comments>http://edicionespuntocero.com/2011/03/25/los-riesgos-de-la-energia-nuclear-el-fantasma-de-chernobil/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 25 Mar 2011 21:43:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>edicionespuntocero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://edicionespuntocero.com/?p=660</guid>
		<description><![CDATA[Aramis Latchinian escribió Globotomía con el objetivo de permitir una aproximación científica y crítica al hecho medio ambiental. Hace un año y medio que la primera edición vio la luz y ya, en ese entonces, a pocos meses de la aparición de los primeros casos de &#8216;gripe porcina&#8217;,  Aramis nos advertía sobre lo efímero y lo [&#8230;]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=edicionespuntocero.com&#038;blog=8506058&#038;post=660&#038;subd=edicionespuntocero&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2010/06/globotomia.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-438" title="Globotomia" src="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2010/06/globotomia.jpg?w=210&#038;h=300" alt="" width="210" height="300" /></a></p>
<p>Aramis Latchinian escribió <em>Globotomía </em>con el objetivo de permitir una aproximación científica y crítica al hecho medio ambiental. Hace un año y medio que la primera edición vio la luz y ya, en ese entonces, a pocos meses de la aparición de los primeros casos de &#8216;gripe porcina&#8217;,  Aramis nos advertía sobre lo efímero y lo inútil del pánico generado por los medios de comunicación en torno a la influenza A1H1.</p>
<p>Hoy, el accidente generado por un potente sismo en la central nuclear de Fukushima nos obliga a releer el capítulo de <em>Globotomía </em>donde el autor aborda el tema de la energía atómica, sus  posibles beneficios y sus riesgos potenciales. Latchinian pone a nuestra disposición la información necesaria para formarnos un opinión inicial basada en datos científicos, en comprobaciones empíricas y no en el resplandor apocalíptico que se ha instalado en los medios de comunicación global (incluyendo a los medios digitales) y que han motivado los foros de discusión menos especializados y más disparatados que se hayan visto jamás.</p>
<p>Pinchando en el link al final de este párrafo podrán descargar el pasaje del libro dedicado al accidente de Chernóbil, un caso de estudio que nos permite ver en perspectiva la desproporción del estado de terror colectivo que vivió el planeta entero en 1986 y cuáles fueron, finalmente, las consecuencias reales de aquel accidente, que bajo ninguna circunstancia se deben subestimar, pero que distan muchísimo de los graves pronósticos que se anunciaban a través de los medios y los organismos internacionales.</p>
<p><strong><a href="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2011/03/riesgo-de-un-accidente-nuclear.pdf" target="_blank">Descargar &#8216;El fantasma de Chernóbil&#8217;</a></strong></p>
<p><strong><em>Globotomía. Del ambientalismo mediático a la burocracia ambiental</em> está disponible en Uruguay, Argentina, Colombia y Venezuela.</strong></p>
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<p><strong><strong><strong><em><a href="http://www.amazon.com/Globotom%C3%ADa-ambientalismo-mediático-burocracia-ambiental/dp/9974825601/ref=sr_1_2?ie=UTF8&amp;qid=1299097164&amp;sr=8-2">Globotomía</a></em><a href="http://www.amazon.com/Globotom%C3%ADa-ambientalismo-mediático-burocracia-ambiental/dp/9974825601/ref=sr_1_2?ie=UTF8&amp;qid=1299097164&amp;sr=8-2"> también está disponible en Amazon.com</a></strong></strong></strong></p>
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		<title>«Uru» de Horacio Convertini, cuento ganador del Premio Cosecha Eñe 2010</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Feb 2011 14:13:00 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Uru De los pibes del barrio, el Uru, y eso que era más bueno que el pan. Estoy hablando de Pompeya, donde tenías que ser guapo te gustara o no. Vivía a la vuelta de mi casa, en Mom y Luppi, al fondo de un conventillo con gallinero. Morochazo, flaco, pelo de virulana. Su gracia [&#8230;]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=edicionespuntocero.com&#038;blog=8506058&#038;post=637&#038;subd=edicionespuntocero&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_415" class="wp-caption alignleft" style="width: 195px"><a href="http://edicionespuntocero.com/2010/06/13/el-lado-oscuro-del-futbol/" target="_blank"><img class="size-full wp-image-415  " title="El refuerzo" src="http://edicionespuntocero.files.wordpress.com/2010/06/el-refuerzo.jpg?w=480" alt=""   /></a><p class="wp-caption-text">«El refuerzo», novela corta de Horacio Convertini, está disponible en Argentina, Venezuela, Uruguay y Colombia</p></div>
<h3>Uru</h3>
<p>De los pibes del barrio, el Uru, y eso que era más bueno que el pan. Estoy hablando de Pompeya, donde tenías que ser guapo te gustara o no. Vivía a la vuelta de mi casa, en Mom y Luppi, al fondo de un conventillo con gallinero. Morochazo, flaco, pelo de virulana. Su gracia era imitar el caminar de los gallos: ponía el cuerpo rígido, sacaba el culo afuera y andaba moviendo el cogote de atrás hacia delante. Un plato, le juro.</p>
<p>Al principio lo cargábamos porque decía “vó” al terminar una frase o porque contaba que había nacido en el Cerro y a todos nos daba risa. ¿Qué cerro podía tener Uruguay si era un país más chato que una sartén? Él no se enojaba nunca, pero a lo mejor por eso hablaba poco: para no caer en la tentación de tener que pelearse con sus amigos por pavadas. La primera vez que se cagó a trompadas a morir ­–esa primera vez que disparó la leyenda que usted viene a buscar&#8211; fue en la primaria. Íbamos al Genaro Sisto, de Tilcara, una escuelita de las de antes, en la que se mezclaba el hijo bien del doctor con el hijo reo del botellero. En quinto llegó un pibe nuevo: repetidor, trece años, un mastodonte al que los bigotes le asomaban como cardos. Nos miraba desde arriba con desprecio, igual que se mira a una hormiga dos segundos antes del pisotón. Ceiba, se llamaba, venía de Villa Diamante, y, apenas lo vi, enseguida supe que con alguien se la iba a agarrar. Rogué que no fuera conmigo, porque contra él no tenía chances y eso que yo no era ningún nene de mamá.</p>
<p>Ceiba eligió al Uru. Por el nombre saltó la cosa. El Uru se llamaba Washington, Washington Maldonado; raro acá, donde todos éramos Rubén, Luis o Juan Carlos, pero –usted sabe&#8211; bastante común al otro lado del río. Cada vez que la maestra tomaba lista y llegaba al Uru, Ceiba largaba una risotada o le hacía el eco con voz finita: <em>Wayintón-tón-tón</em>. Mi amigo, nada, como si no lo escuchara, pero yo me daba cuenta &#8211;porque lo conocía bien&#8211;  que la cargada le revolvía las tripas. La situación se mantuvo así, digamos tensa, hasta que un sábado fuimos todos los del grado a jugar un picado en la Canchita de la Viuda. El Uru no era un crack, pero corría mucho y jamás escatimaba suela, lo que de cualquier manera lo volvía un jugador muy valorado por nosotros. Ceiba dijo de hacer un pan y queso con él. No fue casualidad, estoy seguro: quiso garantizarse que lo iba a tener de rival. Yo, que a bicho no me gana nadie, me avivé enseguida de que ellos estaban jugando un partido aparte. Había que ver cómo levantaban polvareda cada vez que trababan una pelota, los manotazos, las piernitas arriba, la furia que parecía nacerles en los músculos del cuello y, de ahí, en tobogán directo a los pies. El quilombo se armó en una que Ceiba se iba solo para el gol y el Uru lo barrió desde atrás y lo hizo caer de trompa. El mastodonte se levantó masticando tierra y lo miró, yo diría que contento, porque al fin había encontrado la excusa que buscaba: “¿Querés que te haga mierda, <em>Wayintón-tón-tón</em>?”. Se trenzaron como perros rabiosos. Ceiba tenía más físico y era muy fuerte, pero no sabía pegar: tiraba mamporros demasiado abiertos que agarraban al Uru en las sienes y lo sacudían entero, pero sin llegar a ponerlo fuera de combate. Por el contrario, aun boleado y con las orejas coloradas de los golpes, el Uru no retrocedía y cada tanto acertaba un piñazo seco. Ceiba jamás debió de haber imaginado semejante resistencia y por eso cambió de táctica: se le fue encima, lo agarró de la cabeza y rodaron por el piso. Pensé lo peor. Así, cuerpo a cuerpo, la bestia podía ahogarlo, partirle el cuello, no sé, cualquier barbaridad. Sin embargo, no me pregunte cómo, es el día de hoy que no me lo explico, el Uru se le escurrió de entre los brazos y lo sirvió con un derechazo al mentón justo cuando el otro se estaba levantando. Ceiba se desplomó boca abajo. Su sangre oscureció la tierra seca. Nosotros largamos un rugido de alegría, de miedo liberado, de orgullo de barrio. El Uru celebró la victoria bailando el pasito del gallo en torno al cuerpo desmayado de su enemigo.</p>
<p>Mi viejo, que no tenía estudio ni era sabio de la vida aunque a veces la embocaba, decía que el pagaré del destino se firma de pantalón corto. Nunca entendí muy bien a qué se refería, pero hoy, ya grande, a la luz de los hechos, veo que no se equivocaba. Ese año, el de la pelea con Ceiba, la maestra nos pidió que eligiéramos un personaje de la historia al que nos gustara parecernos y que al día siguiente lleváramos algo que representara sus virtudes. Nadie se rompió demasiado: todos decían el nombre de un prócer (San Martín, Belgrano) y pelaban una Billiken con dibujitos de sus hazañas. El despelote lo armé yo cuando dije “Juan Domingo Perón” y saqué el ejemplar de “Las veinte verdades peronistas” que mi viejo guardaba debajo de una tabla floja del dormitorio. Eran tiempos en los que mentar al general estaba prohibido y si no me expulsaron fue porque el director de la escuela resultó ser de los nuestros. Aunque lo importante en esta anécdota, y disculpe si me fui por las ramas, es lo que dijo el Uru. Se puso serio y soltó: “Dogomar Martínez”. “¿Dogoqué?”, lo apuró la maestra, sorprendida. “Dogomar Martínez, el campeón uruguayo que le aguantó diez rounds a Archie Moore en el Luna Park. Mire, salió en El Gráfico”. Se salvó de una mala nota porque enseguidita me tocó a mí y el escándalo por Perón tapó todo. Lo que queda claro, igual, es que ya le revoloteaba esa idea desgraciada por la cabeza: la del aguante, la del coraje heroico.</p>
<p>Ahora viene un bache de muchos años. Si le interesa esa parte, a lo mejor le conviene irse hasta Montevideo. Porque el Uru regresó al Cerro con la familia después de terminar la primaria. Una sola vez me escribió desde allá, por vago, seguro, igual que yo, que tardé un montón en responderle y lo único que se me ocurrió contarle era algo que todos sabían: que Perón había vuelto. Perón volvió, murió, agarró la turra ésa, volvieron los milicos asesinos y los que murieron después, como siempre, fueron los peronistas. En mi memoria, y en la de los pibes del barrio, el Uru empezó a desteñirse, lo fueron comiendo sus ausencias: no debutó con nosotros en los puteríos de la isla Maciel, ni estuvo en el velorio del general, ni sintió el miedo helado de ver un Falcon sin chapa estacionado en la esquina. Él quedó atrapado en nuestra infancia, esa infancia que hoy vemos de otra manera, lógicamente, pero que cuando sos adolescente y te querés morfar el mundo ni te das vuelta a mirarla.</p>
<p>Nos enteramos por los diarios. Ese sábado, en el Luna, peleaba el campeón mundial de los welter, el invicto yanqui Teddy Benson que andaba de gira por acá, contra una promesa uruguaya, Washington Maldonado, quince victorias consecutivas, ocho por nocaut. A diez rounds, sin el título en juego. ¿El Uru? ¡El Uru! ¡El Uru y la puta que lo parió! Nos agarró una alegría que usted no sabe, como si la hubiéramos tenido enterrada. Alguno averiguó que llegaba el viernes y que iba a parar en el hotel Roma, y ese día nos fuimos en patota a saludarlo. Estaba igual. Más alto, claro, más musculoso, espalda ancha, brazos largos, pero la sonrisa de bueno no se le había borrado. Nos recibió con un abrazo para triturar columnas y después se quedó callado, mirándonos. Creo que trataba de convencerse de que los que estábamos ahí frente a él no éramos impostores sino sus amigos de siempre, los pibes bravos de Pompeya, ahora con barba y pelo largo. “¿Y Ceiba?”, preguntó por fin. “Todavía está escupiendo tierra de la Canchita de la Viuda”, respondí yo y nos cagamos todos de risa. El Uru se portó bárbaro: pagó la cerveza y nos consiguió entradas para el ring side. Volvimos al barrio con la idea de que al negro ese se lo iba a comer crudo.</p>
<p>Si usted me pregunta si estábamos nerviosos, si teníamos miedo, le digo que no. Benson era muy bueno, pero el Uru era de los nuestros: sangre charrúa, pompeyana y peronista, ¿cómo no le íbamos a tener fe? Me dicen que de la pelea no quedaron filmaciones y es una lástima. Ojalá llegue el día en que inventen el aparato para transformar en película lo que uno tiene en la cabeza, porque yo llevo las escenas de esa noche terrible grabadas a fuego. Todavía me parece escuchar el chirrido de las zapatillas al deslizarse por la lona y los bufidos de mi amigo buscando aire.</p>
<p>El Uru empezó muy bien. Boxeaba a la distancia, en puntas de pie, entraba y salía rápido, sin arriesgarse mucho. El negro avanzaba agazapado, hamacándose como Frazier, y pum, cada tanto tiraba un cañonazo que el Uru visteaba o barría con los antebrazos. Pareja la cosa, tranquila. El quiebre se dio al final del cuarto round. Benson se jugó a fondo con una derecha y le regaló el mentón al Uru, que lo puso como Dios manda. El yanqui, groggy, zapateó un malambo cortito y se salvó por la campana. Los segundos tuvieron que arrastrarlo al rincón porque estaba perdido y las piernas no le daban.</p>
<p>Es ahí cuando el Uru se equivoca, me parece, humildemente. Porque en el quinto se le va encima para liquidarlo sin pensar que el otro no era un cuatro de copas, un pelotudito de Villa Diamante; ¡el otro era el campeón del mundo, invicto para colmo! Lo concreto es que en ese round pegó mucho, pero también cobró. Y que en el sexto ligó un cross a la mandíbula que lo tiró justo de cara a donde estábamos nosotros. “¡Vamos Uru carajo, aguante Pompeya y la concha de su madre!”, le gritábamos mientras él hacía fuerza para levantarse. Nos contestaba que sí con la cabeza, los ojos bien grandes, el protector bucal medio salido.</p>
<p>Usted dirá que es una boludez, pero a veces me pregunto qué habría ocurrido si el Uru hubiese caído del otro lado del ring. A lo mejor se quedaba en la lona y chau. Pero nos vio a nosotros y vio su infancia en el barrio, los valores compartidos, los códigos de honor y valentía, la ligazón indestructible que todavía nos seguía uniendo. O no, quizás llevaba esa locura adentro desde antes y por otras causas, y entonces me viene a la mente lo de Dogomar Martínez, ¿se acuerda? En fin, yo no nací para la filosofía y me quedo en lo que fue: el Uru cruzó piña y piña hasta el final, cayó tres veces más, la cara como un estofado, sangre por todos lados. Si aguantó de pie y perdió por puntos, fue porque tenía un corazón de oro.</p>
<p>El orgullo, además de mezquino, es un sentimiento miope. Lo digo porque no nos dimos cuenta de nada. Nos rompimos las manos aplaudiendo cuando Benson lo fue a saludar y lo único que deseamos en ese momento fue que el resto del estadio supiera que el uruguayito que había derrochado guapeza frente a un campeón del mundo estaba hecho de nuestra misma madera. Salimos y lo fuimos a esperar al hotel, que estaba enfrente. Pasamos media hora discutiendo dónde lo íbamos a llevar: si a comer pizza a Las Cuartetas o asado al Arriero, una parrilla de la Perito Moreno que ya no existe. Cuando vimos llegar la ambulancia, que estacionó en una puerta lateral del Luna, a uno se le ocurrió un chiste pelotudo: “Vienen a llevárselo al negro”. Pero a mí me agarró un escalofrío &#8211;me pregunto si los presagios se sentirán así&#8211; y corrí como un loco a preguntarles a los enfermeros qué pasaba. “El uruguayito se desmayó”, me contestó uno de los que cargaba la camilla. Lo sacaron rápido. Tenía los ojos tumefactos, las manos todavía vendadas. “Uru, Uru”, le grité yo, como para despertarlo, mire qué idiota.</p>
<p>Se lo llevaron al Argerich. Nosotros atrás, aturdidos por la sirena de la ambulancia y por el miedo. En la puerta de la guardia, un periodista mencionó la palabra temida, coma, y ya ni pensar quisimos. Las esperanzas se nos hacían cenizas con cada cigarrillo y cada cigarrillo eran cuatro o cinco pitadas de agonía. Amaneció y ni noticias. Yo me hice fuerte en una idea absurda: nadie bueno muere así, aunque en esa época y en esa Argentina sobraban ejemplos en contra. A las ocho de la mañana salió un médico de ojos enrojecidos y con el gesto lo dijo todo. Imagínese lo que lloramos.</p>
<p>Lo enterraron allá con honores. Leí en Crónica que una de las manijas del cajón la llevó Dogomar Martínez. Nadie escribió una línea de su infancia en Pompeya y eso, para qué negarlo, me dio un poco de bronca. El Uru, sentía yo, había encarnado la ilusión de heroísmo y lucha de ese barrio que ya empezaba a degradarse, e ignorar aquella parte de la historia era un insulto a él, a nosotros, a nuestras calles. Al año siguiente mis amigos organizaron un viaje a Montevideo para visitar la tumba. De paso conocemos el Centenario y Maroñas, me dijeron. Yo me negué con la excusa de que el barco me mareaba. Pero lo que me mareaba, lo que me dolía, era otra cosa: el recuerdo de lo perdido, la certeza triste de que nunca habríamos de ser lo que soñamos.</p>
<p>© 2010, Horacio Convertini<br />
<strong><a href="http://www.publico.es/agencias/efe/346433/el-escritor-argentino-horacio-convertini-gana-el-premio-cosecha-ene-2010" target="_blank">Reseña de prensa </a></strong></p>
<p style="text-align:center;">***</p>
<p><strong>Horacio Convertini</strong> (Argentina, 1961). Es periodista del diario <em>Clarín</em> y autor del libro de relatos<em> Los que están afuera</em> que consiguió el segundo premio del Concurso 2007 en la categoría cuentos del Fondo Nacional de las Artes. También publicó las novelas infantiles <em>La leyenda de Los Invencibles</em> y <em>La noche que salvé al Universo</em>. Con <em>El refuerzo</em> obtuvo el accésit al XXXIII Premio de Novela Corta Gabriel Sijé (España, 2008).</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/edicionespuntocero.wordpress.com/637/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/edicionespuntocero.wordpress.com/637/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=edicionespuntocero.com&#038;blog=8506058&#038;post=637&#038;subd=edicionespuntocero&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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